140 años desde la Unificación – sobre la fuerza de estar unidos

Author(s): Растителна защита
Date: 06.09.2025      386

En 1878, tras casi cinco siglos bajo dominio extranjero, Bulgaria reapareció en el mapa político de Europa. El Tratado de San Stefano creó la esperanza de la restauración de un estado búlgaro unificado y fuerte. Sin embargo, solo unos meses después, las decisiones de las Grandes Potencias tomadas en el Congreso de Berlín redibujaron las fronteras y desgarraron las tierras búlgaras. El Principado de Bulgaria y Rumelia Oriental quedaron divididos, a pesar de su idioma, cultura e historia comunes.

Así comenzó una nueva era en la historia búlgara: la lucha por la unificación nacional. Se convirtió en una misión para muchas figuras públicas, políticos y revolucionarios que creían que la división era injusta y una etapa temporal en el camino hacia la libertad completa.

En 1885, en Plovdiv, este sueño comenzó a convertirse en realidad. Al frente del BTCPC en Plovdiv estaba Zahari Stoyanov, quien desarrolló una actividad vigorosa y, con la ayuda de Kosta Panitsa, Dimitar Rizov, Petar Zografski, Ivan Stoyanovich, Georgi Stranski, Prodan Tishkov-Chardafon y muchos otros defensores de la causa, logró crear una disposición sociopolítica adecuada entre la población de que había llegado el momento de la unificación de las dos Bulgarias. También jugó un papel clave el consentimiento del gobernante búlgaro, el príncipe Alejandro de Battenberg, al acto que se avecinaba. El pueblo estaba listo: había llegado el momento.

En la noche del 5 al 6 de septiembre, la milicia de Plovdiv, liderada por el Mayor Danail Nikolaev y apoyada por destacamentos armados, depuso al Gobernador General de Rumelia Oriental, Gavril Krastevich. El 8 de septiembre, el príncipe Alejandro I de Battenberg aceptó oficialmente la Unificación, afirmándola así como un acto de estado.

La reacción no se hizo esperar: solo semanas después Serbia declaró la guerra. El joven ejército búlgaro, comandado principalmente por capitanes y carente de suficiente entrenamiento de combate, demostró un heroísmo excepcional. Realizaron una marcha rápida a Slivnitsa y lograron una victoria notable, con la que defendieron la Unificación no solo políticamente, sino también por la fuerza de las armas.

Así, el 6 de septiembre de 1885 permanece en la historia como el día en que el pueblo búlgaro demostró que cuando está unido, puede determinar su propio destino. La Unificación no es simplemente un cambio geopolítico; es una expresión de la fuerza, la voluntad y la madurez de una nación dispuesta a luchar por la justicia.